lunes, 9 de agosto de 2010

La joven Victoria

La joven Victoria es una de esas películas que te deja una sensación de ya haber visto esa historia, de conocer cómo avanza la trama y su desenlace, pues –como hablábamos con un amigo- su argumento es ciertamente convencional; pero aún así, funciona y me encantó.

Ambientada en el siglo XIX, Victoria muestra arquitectura neoclásica en sus decoraciones (especialmente en el Palacio de Buckingham). Tiene un aire a Barry Lyndon en la decoración y el uso de los espacios y locaciones. La dirección artística es impecable, cada detalle del vestuario está hermosamente cuidado; los peinados acordes a la época. Obviamente, en una película histórica la dirección de arte denota mucho más su relevancia pues puede terminar siendo un “personaje” más, sin el cual, la película deja de ser convincente.


La historia nos ubica la mayor parte del tiempo en 1837 y los años posteriores, donde Victoria tendrá que asumir el cargo de ser reina al cumplir los 18 años-al morir su tío Guillermo IV- y luchar para que no le pidan la regencia por ser muy joven e inexperta. La relación con su madre es inestable y áspera. A veces, solo el cariño de su nana la consuela ante las duras pruebas que tiene que atravesar a su corta edad. Por otro lado, Albert de Sajonia-Coburgo-Gotha, príncipe de Bélgica, ha sido criado desde niño sabiendo todo de Victoria, sus gustos y aficiones en campos como la música, la literatura y el teatro. Cuando finalmente llega el día en que se encuentran, los dos sienten que tienen mucho en común y a partir de ahí, vivirán un romance con muchas complicaciones de por medio.

¿Con qué escena me quedo? Hay varias, una de ellas es en la que Victoria (aún sin ser reina) y Albert juegan ajedrez y donde llevan una conversación en la que Victoria le pregunta a su primo que si no se siente como una pieza de ajedrez que está esperando a ser movida de acuerdo a la situación que convenga. Albert asiente y ambos se ven muy identificados porque se dan cuenta de que la premisa de sus vidas ha sido esa: No poder tomar sus decisiones por sí solos, estar expuestos siempre a presión, ser piezas de burdos juegos e intereses políticos, etc. Luego Albert recomienda a Victoria que deje que “jueguen” con ella hasta que ella aprenda a dominar las reglas del juego.


La escena final en la que Victoria ingresa a un salón principal con Albert de una forma magistral donde todos los invitados los miran (al estilo de la escena final del Arca rusa) es quedarse con ese instante que te envuelve, que no te deja “insatisfecho” y que –tal vez con la ayuda de un efecto de cámara con ángulo picado- ennoblece y engrandece a esos personajes.

La joven Victoria es un film que agrada. La dirigió el francés Jean-Marc Valleé y la música es otro aspecto bien manejado, que emociona y toca. Actúan Emily Blunt (Victoria), Rupert Friend (Albert), Mark Strong (John Conroy). Ganó el Oscar a Mejor Vestuario, Mejor Maquillaje y Mejor Dirección Artística 2009. ¡Y con razón!

Quedo de mi modesta crítica-opinión y me voy a trabajar.

Más en: http://www.theyoungvictoria.co.uk/